7/7/06 Una que sepamos todos
¿Me parece a mí o estamos siendo invadidos por una peste incontrolable de discos tributos y de versiones? Es como si hubiera caído una sequía de composiciones que atacó hasta al mismísimo Calamaro, hombre que otrora vomitaba canciones de a decenas y cuyos últimos tres discos contienen apenas dos canciones originales. Encima, para peor, las discográficas decidieron sacar un tributo al salmón de dudosa calidad, máxime si el mismo, doble, no incluye ni una sola canción de "Nadie Sale Vivo de Aquí", sin dudas, uno de los discos más hermosos que nuestro rock vernáculo haya engendrado. Ni que decir de Charly, que apenas incluye tres o cuatro temas nuevos por disco. ¿Qué nos espera a los demás entonces?
Para embarrarla más, empezaron a pulular álbumes de versiones horripilantes en ritmos cool como la Bossa, el Chill Out, etc... ideales para bares palermitanos off Palermo y ascensores. Y lo peor es que la gente los compra. Vamos, muchachos...en serio.
Un último síntoma de esta plaga es el hecho de que bandas tributos a Pink Floyd, los Beatles o U2 llenan el Luna Park y los teatros de la calle Corrientes mientras que el increíble concierto de Costello del año pasado estaba semi vacío. Dejémonos de joder.
Así que si así viene la mano, voy a colgar la guitarrita e invertir en unos proyectos discográficos que sin duda harán las delicias de las hordas de sordos con mal gusto que invadieron nuestras calles. Aquí están, estos son:
Bossa And Bossa – Después de Bossa and Stones y Bossa and Marley, llegan todos los éxitos del tropicalismo y la bossa nova en versiones bossa y ¡en un solo CD! Las inmortales melodías de Jorge Ben, Joao Gilberto, Vinicius y todos esos comedores de feishoada interpretados por un experto programador de Fruity Loops y Reason. Imperdible, ¿no?
Doom Metal for Babies – Los metaleros también se reproducen, y al procrear engendran pequeños headbangers con baberos de cuero con tachas. Y ellos también tienen su corazoncito negro y no tienen porqué hostigar a sus críos con la dulce voz de María Helena. Ellos quieren que sus vástagos crezcan traumados y violentos, y nada mejor para generar pesadillas inolvidables en las cunas que todos los clásicos del metal más depresivo grabados con xilófonos y campanitas. ¡Para que babeen sangre!
Tributo a los Danger Four – La más famosa banda tributo a la banda más famosa merece su tributo, ¿por qué no? Y para ello reunimos a 14 bandas tributo a los Beatles para rendir el merecido homenaje a los padres de todos los tributos. Interpretados con los mismos falsos amplificadores Vox y con el mismo inglés chapucero que Coco y compañía, este compilado incluye versiones de temas de Los Beatles que ni los mismísimos Danger Tour interpretaron en su extensa carrera animando Bar Mitzves y Fiestas de 15. Para escucharlo una vez y tirarte por la ventana gritando: Help!
Seguramente, los mismos hipoacúsicos con dos neuronas que editan toda esa sarta de compiladris, con todo respeto a los hipoacúsicos, quizás lean esta columna y crean que verdaderamente son buenas ideas comerciales. Así que no se sorprendan si un día de estos se cruzan con alguna bazofia de esta calaña en su disquería amiga. Y no digan que no les avisé.
10/12/05 Dios mío, lo que hemos vivido (extended mix)
Septiembre. Ezeiza. 12 horas de vuelo. Barajas. Tony me pasa a buscar por el aeropuerto. A comer y a la tarde descubrir la suavidad del papel higiénico con aloe vera. Concierto acústico en el Moby Dick de Madrid. Tortilla de papas. James Blunt en Fnac. Amaral en Madridejos, subo a cantar "Marta, Sebas...". Dios mío, lo que hemos vivido. Ben Lee en Sala Sol. Concierto en Albacete, la dimensión desconocida (Jomi, eres un grande). Kike Veneno en Aqualung. Más tortilla de papas. Deluxe en el Aqualung. Smog en Moby Dick. Seine y Bombones en Sala Sol. Torrente 3, nada de mariconadas. Toco en el Moe de Madrid, suben Tony Loser y Santi Campos a cantar conmigo. Regreso a Buenos Aires. Ensayos, canciones nuevas que no convencen, otras que sí. Elvis Costello en el BUE: Dios mío lo que hemos vivido. Después de años de esperarlo, poder ver al bueno de Declan en primera fila, emocionado como una quinceañera... Sueño cumplido. Amaral en el Gran Rex. Canto "Mr Tambourine Man" con la sala vacía en la prueba de sonido, y subo a cantar con ellos a sala llena. Dios mío, lo que hemos vivido. Laboratorio Ñ. Atardecer en Parque Leloir con Xoel de Deluxe armando las voces de un tema nuevo que acababa de componer. "Genio de la soledad" en el San Martín con Xoel y Juan De Dios. No todos se comportaron de la misma manera. Aitor, el palito de la ñ ya sabés dónde podés metértelo. A grabar. 11 jornadas de alegría. "Adiós, Buenos Aires", nuestro grito de guerra. Escribiendo letras hasta la madrugada a último momento. Jueves 8 de Diciembre, 21 hs., los bronces de Satélite Kingston cierran la grabación del disco. Una vez más, Dios mío, lo que hemos vivido.
15/7/05 Pie Izquierdo
Hay días en los que mejor no levantarse de la cama. Hoy, para variar, me despertó la lluvia. Digo para variar porque todos los días, sistemáticamente, a las 8 en punto, el bebé de mis vecinos sale al hall y pega dos o tres alaridos fascinado por la reverberación natural del mismo. Todos los días. Menos hoy que me despertó el dulce golpeteo de la lluvia en mi ventana. A mi la lluvia no sólo no me inspira sino que me molesta. Bah, no es la lluvia la que me molesta sino las viejas que se empecinan en caminar con sus paraguas a la altura de los ojos de los demás transeúntes y por abajo de los balcones. También está la clásica baldosa floja sobre la que uno caminará indefectiblemente manchando los pantalones.
Me levanté y entré al baño a cepillarme los dientes. Al colocar la pasta dental sobre el cepillo noté que las rayas rojas de flúor salen parejitas, paralelas, siempre iguales, sin importar cuanto apretemos el pomo de dentífrico. ¿Cómo funciona esto? ¿Existe el Yeti? ¿Cuánto te dan por un Patacón ahora? ¡Qué misterio....!
Entro a la cocina a preparar desayuno y al calentar la leche en el microondas me detuve perplejo a mirar la taza rotar una y otra vez en el plato giratorio cual pollo al spiedo. Si las microondas se esparcen homogéneamente por todo el llamémoslo "habitáculo microndístico", ¿con qué propósito giran los alimentos? Debe ser una de esas cosas que heredamos de los primitivos microondas. Supongo que los fabricantes lo hicieron para que la gente crea que los alimentos recibían igual cantidad de ondas (cosa que ocurre sin esta rotación de todos modos). Algo así como todavía insistimos en "discar" el teléfono, ¿me explico? Todo esto cuando todavía no habían transcurrido ni 15 minutos de estar despierto.
Bueno, me senté a desayunar y encendí el televisor para despejar un poco mi cabeza. Estaba claro que no iba a ser tarea sencilla. Quise cambiar de canal y al oprimir el botón correspondiente del control remoto, éste no respondió. Instintivamente empecé a oprimirlo con más fuerza. ¿Vieron cómo cuando el control remoto no funciona bien uno le da con más y más fuerza, como si esto tuviera algo que ver con la intensidad de los rayos infrarrojos que emite? Otro recurso muy común es girar las pilas. Llamativamente, esto sí funciona. No me pregunten porqué.
Terminé de desayunar abrumado por tantas preguntas irrelevantes y me di cuenta que aquel sería uno de esos días en los que mi cerebro me complicaría la existencia. Sólo tuve que quitarme las pantuflas (que mis abuelos me regalan cada cumpleaños sin excepción, aunque ellos las llaman chinelas) y acurrucarme nuevamente en la cama a esperar que las horas pasen, la lluvia deje de caer y mi cerebro deje de cuestionar cada pequeño acto de mi vida. Todavía estoy acostado....
4/5/05 Al pan, pan...
¿Se dieron cuenta que cada vez es más difícil encontrar un restaurante en Buenos Aires? Ojo, no estoy diciendo que no se coma bien, ni mucho menos. El problema es que los restaurantes, o restoranes, como se decía cuando era chico, son casi una especie en extinción. Y sus depredadores no son otros sino una sarta de variaciones palermitanas de dudoso origen. Ahora, para salir a comer uno tiene que ir a un Bistró, a un Resto-Bar, o a la más inverosímiles de las acepciones, a un Restó. ¿Qué cuernos es un restó, me quieren decir? Caminando por ahí uno puede también toparse con un Bar de Ostras, por ejemplo, o incluso con una ¡Boutique de Pan! ¿Eso hace unos años no se llamaba panadería? ¿Y qué pasó con las picaditas? Ahora se llaman Tapas. Es todo muy confuso.
Supongo que la cuestión es glamourizarlo todo. Ya no existe el servicio de Lunch, ahora es Catering, las modistas se hacen llamar Diseñadoras de Indumentaria y los peluqueros son todos Estilistas. Los porteros se hacen llamar Encargados y guay si a un Guardavidas lo llamamos Bañero. A este ritmo vamos a encontrarnos con variantes del tipo Paisajista (Jardinero), Especialista Pluvial (Plomero), Agente de Publicidad Callejera (Empanada Gigante que Baila en semáforos) y quién sabe qué otras cosas más.
Supongo que el problema de todo esto está en que a mí me da vergüenza pedir un revuelto gramajo en un Restó, y si se me tapa la bacha de la cocina empiezo a temblar de sólo pensar en que el Especialista Pluvial me va a cobrar cual cirujano de cañerías. A final de cuentas, no importa como llames a lo que hacés, sino hacerlo con orgullo y por sobre todo, hacerlo bien. Porque servir un timbal de arroz blanco en un plato de 40 cm. de diámetro en tu Bistró de la calle Nicaragua con musiquita electrónica que bajaste de la internet de fondo, y cobrarlo como si estuvieras comiendo un bistec de pez espada en Le Fouqué de París, no te convierte en el Gato Dumas, ni siquiera en Chichita de Erquiaga. Hacéte de abajo y tráeme la cuenta, pelotudón.
25/2/05 Los Insufribles
Mi madre siempre me decía de pequeño: “cuando seas grande, nunca manejes atrás de un Falcon.” El consejo entraba en la categoría de “no aceptes caramelos en la calle”, “no hables con extraños”, “no te metas los dedos en la nariz”, etc...Quién sabe cuáles sean los defectos de los que se sientan detrás del volante de tan vetusto y tristemente célebre cuatrimotor. Lo que sí sé es que en todo caso los agruparía junto con esa gente insoportable con la que uno tiene que lidiar en la vida cotidiana, pequeños insufribles que hacen de nuestra vida un pequeño infierno. He aquí un par de ejemplares autóctonos (se aceptan sugerencia para próximas versiones de la sección):
Los que manejan con el brazo afuera de la ventanilla. Estos me sacan. Uno apurado por pasar el semáforo ve desde atrás como el señor gesticula ampulosamente mientras dialoga con su copiloto. Relajado, disfrutando del paseo, el buen hombre jamás se atreverá a superar los 30 km. por hora, salvo, por supuesto, cuando el semáforo se pone amarillo y uno termina clavando los frenos observando su dulce manita juguetear en el aire cual René Lavand. Variantes de este insufrible: los que manejan hablando por celular y los taxistas sin pasajeros.
Los consejeros ex post: Estos son los que se las saben todas después de que uno hizo o compró algo. “¿Por qué no me avisaste? Yo tengo un amigo que...” son las mortíferas primeras palabras que suele pronunciar cuando uno le dice que compró tal cosa, que tomó tal ruta, etc...Son los auténticos tirafijas en T+1. Odiosos, inaguantables, engreídos. Más vale tenerlos lejos, o mudos.
Los jóvenes adultos: aclaración, no es que me tire en contra a todas las personas entre 19 y 32 años, digamos. Me refiero específicamente a esos jóvenes que a los 25 años ya son sus padres. Esos que te preguntan “Seguís dándole a la guitarrita? ¿Para cuándo un laburo en serio?”. Esos que se fijan en el tamaño de la heladera (cuanto más grande mejor) o del celular (cuanto más pequeño mejor). Esos que votaron a Menem porque tenían que pagar las cuotas del equipo de música con el que escuchan Radio 10 para despertarse y algún CD de greatest hits de Phil Collins. A ellos les digo: “I was so much older then, I’m younger than that now”.
26/12/04 “Negro Negro Negro” (Publicidad de Alfajores Bagley)
Es inevitable, pero a fin de año uno empieza a reflexionar acerca de la vida, el futuro y la mar en coche. Como si el hecho de tirar unos chasqui bum y encender unas estrellitas llamara a reflexionar. Es extraño lo que el turrón pegoteado puede hacer con la psiquis del ser humano.
Pero estos momentos de reflexión, a su vez, permiten descubrir los distintos grados de pesimismo con que podemos enfrentar la vida. Esto es fundamental, por lo menos para los pesimistas, claro.
El pesimista tradicional piensa que las cosas sólo pueden empeorar. Mira hacia delante con unas antiparras negras, está entregado a la idea de que sólo se puede caer más abajo, que nada tiene sentido. A este lo llamo el pesimista puro. Se angustia por el futuro y no registra el pasado ni el presente.
Pero también está el pesimista retroactivo: es el que piensa que todo tiempo pasado fue mejor. Por ende, el futuro no puede ser sino peor, pero como consecuencia de un pasado de días gloriosos que nunca volverán. El presente será mañana un pasado brillante, pero hoy es pobre en comparación con el ayer. Este es un pesimista rebuscado.
El pesimista resignado es el que cree que todo está mal, lo estuvo y lo estará. A este no le importa nada y recorre su vida en estado letárgico, sin desesperarse. De alguna manera, el más racional de todos disfruta de lo que le toca en suerte, a sabiendas que no tiene nada que perder si todo está perdido de todos modos.
Después está el pesimista estacional. Este va y viene de las oscuras tierras del pesimismo, es un pesimista ciclotímico y en la época de fiestas suele aparecer como producto del exceso de ingesta etílica. No son tomados muy en serio en el mundo del pesimismo.
El pesimista negador es el peor tipo de pesimista. Sufrido, generalmente rodeado por un entorno exitoso y optimista, repite la frase “todo bien” y “vamos que venimos” sin estar del todo convencido. En el fondo sabe que “todo mal” pero se empecina en colocarse el casco de la felicidad y vivir la vida con alegría.
Yo no sé si todo tiempo pasado fue mejor, no estoy seguro tampoco que el futuro tenga que ser peor que el presente, no sé si está todo bien o si es la época del año que me pone de este humor. Así que si me preguntan que tipo de pesimista soy, la respuesta es sencilla: Pesimista Indeciso.
Buen año o que sea lo menos malo posible.
7/11/04 No Surprises
Primero los hechos.
Anoche, a eso de las tres y media de la mañana, manejaba plácidamente portando una sonrisa post Morrissey por la calle 3 de febrero de regreso a mi casa cuando, al llegar a Blanco Encalada un auto que subía por esta calle de contramano me embistió furioso incrustándome contra un poste de luz. Lo primero que se me cruzó por la cabeza es que ¿tan embobado venía del show de Moz que no lo vi venir? Encima este pobre pibe tenía la derecha...Claro que enseguida me di cuenta que en realidad me la dieron de contramano. Me bajé del auto y me acerqué a ver si le había pasado algo a quienes tan imprudentemente me dejaron el guardabarros como un acordeón. El pibe, un peladito de unos 28 años, estaba bastante tranquilo, pero su novia, que entre paréntesis (estaba muy buena), lloraba a cántaros. Lo primero que se me ocurrió decirles es que se tranquilicen, que fue un accidente, etc etc...Enseguida apareció un ejemplar de la típica fauna post choque: un lanudo medio dado vuelta que nos dice que él lo escuchó todo y que si necesitábamos algo y esas cosas. Cuestión que con el lanudo decidimos ayudar al calvo a colocar su paragolpes para que pudiera mover el auto del medio de la calle y así intercambiar datos del seguro y hacer la denuncia policial. Para nuestra sorpresa, acto seguido el pelado ingrato se subió al auto y se dio a la fuga. Yo lo miro al lanas y le digo: “Me parece que alguien me está cagando feo”. Salí corriendo para ver si podía alcanzarlo en algún semáforo; iluso de mí, me choca contramano pero va a frenar en una luz roja. Ahí me agarró una de esas. Le digo al lanas que me voy a llamar a la grúa a lo que me responde: “Andá tranquilo, yo te lo cuido”. Buena onda el lanas. Llego a mi casa, a tres cuadras del siniestro, llamo al seguro, y un rato después, cuando llego al lugar del choque lo veo al lanas limpiando con un trapo las manijas de las puertas de mi auto.
“¿Qué hacés?” le pregunto.
“Limpio las huellas digitales”.
“¿Qué huellas?”
“Las mías, hermano. Tardaste tanto que pensé que por ahí era robado”.
Sin comentarios.
Las conclusiones.
No me sorprende que alguien maneje a contramano a alta velocidad en esta ciudad. El respeto al prójimo no es moneda corriente.
No me sorprende que el pelado crea que peinando pelos desde la patilla tapando su calva crea que no se le nota su incipiente alopecia. Mi abuelo era también cultor este efecto visual.
No me sorprende que alguien confunda un gesto de amabilidad con boludez y se aproveche del mismo creyéndose el flaco más pija del universo. Ya me imagino al pelado diciéndole a la novia en el auto mientras yo los corría detrás “Mirá, ¡qué boludo! Encima me ayudó a poner el paragolpes.”
No me sorprende que acá haya que ser un mala leche para subsistir y siempre pensar lo peor de los demás hasta que te demuestren lo contrario. A priori, todos son unos cagadores hijos de puta. Y si puedo aprovecharme de ellos, mejor. Linda filosofía de vida, ¿no? Re vivos somos, re vivos.
Lo que me sorprende profundamente es que este tipejo ¡tenga novia! Fuera de joda, esta lagartija tiene alguien que lo quiere, que le prepara la sopita cuando está enfermo, que le da la mano en el cine, con quien planea una vida en conjunto y quizás procrear.
Aunque si lo pienso bien esto no debería sorprenderme. El mundo es como es porque esta gente procrea y con ellos procrean sus principios, o mejor dicho, su falta de principios. Y así el mundo se llena de lagartijas que pisotean los derechos de su prójimo, que se aprovechan de los buenos gestos y que tienen el horizonte en la punta de sus narices. Después van y votan a Menem o a Bush, se compran una TV Pantalla Plana en cuotas, y reptan por la vida buscando otra grieta por donde trepar, otra cabeza para pisotear...
A mí, las lagartijas me dan asco.
11/10/04 Encuentros cercanos
Cursé quinto año cuando aún existía Feliz Domingo, en el viejo canal 9 de Gelly 3378. Y como si esto no fuera fortuna suficiente, nos tocó ir para el día de la primavera, cuando la gran elección final de las secretarias. Soda Stereo estaba por sacar Doble Vida y Gonzalito nos mostró una copia de promoción que le había mandado la compañía. En medio de las maratónicas 12 horas que duraba la emisión del programete, un compañero mío se me acerca y me dice: “Vengo del baño. Estaba meando y en el mingitorio de al lado se paró uno de los jurados. Yo no puede menos que decirle: ¡Qué honor, mear al lado del Profesor Táliche!”. Pasamos a la final gracias a una oscura maniobra en la prueba del chicle globo Bubaloo, pero en el cofre de la felicidad nos perdimos el viaje por un par de llaves. Al menos, uno de mis amigos meó al lado de Táliche.
Algunos años después estaba en Praga, justo entrando a la ciudad antigua después de cruzar el increíble puente de Carlos, cuando a lo lejos pude ver una figura que me resultaba conocida. Nos fuimos acercando en nuestro andar pajuerano y pude distinguir la elegante presencia de Robert Palmer viniendo en dirección opuesta a mí, con su sobretodo Aquascutum impecable, serio, radiante. No dudé y me acerqué a saludarlo. “Robert”, dije al estirar mi mano la cual estrechó amablemente sin detener su andar. Enseguida, no habrían pasado ni cinco segundos, un viejito se me plantó adelante mío y flemático me dijo en un inglés catedrático: “¿Sabés quién soy yo? ¡Soy su padre!”. La sequedad de su pronunciación no podía ocultar el orgullo de saberse padre de ese hijo al cual todos reconocían y saludaban por las calles de dónde estuviera. Con una gran sonrisa me dio la mano y siguió los pasos de Robert, que nunca se percató de que su anciano padre había detenido su marcha para darle a un “fan” un gesto amable que él mismo jamás pensó en ofrecer.
Robert Palmer murió hace un par de años ya. Recuerdo que al enterarme de la noticia no pensé en mucho en él (al fin y al cabo sólo me gusta su paso por Power Station) sino en su padre, quizás también difunto a esa altura, quién sabe. Pero no pude dejar de pensar que si todavía estaba vivo, ese buen hombre debía estar muy triste.
15/9/04 No me roben, soy Rubin.
Hace unos días, al hermano de mi buen amigo Fratan le rompieron la ventanilla de su auto para robarle el stereo. Los malhechores se hicieron del reproductor así como también de todo lo que encontraron en el habitáculo del automóvil, léase todos los CDs que andaban pululando por ahí.
Perdón, me corrijo, todos los CDs ¡¡menos Viva la Vida de quien escribe!!
¡Qué destino el del músico independiente! Ni los chorros quieren mi disco. Uno pensaría que personas que arriesgan su libertad al quebrar la ley noche tras noche, viviendo al límite de la legalidad en el submundo del crimen, tendrían una actitud más abierta respecto de todos los aspectos de sus vidas. Pero hete aquí que ¡¡no son capaces de llevarse un disco de alguien que no conocen!!! Puede que terminen en la cárcel, que se trencen a los tiros con la policía, incluso puede que los maten, pero ¡que Dios los salve de escuchar un disco de alguien desconocido!
De todas maneras he aquí que los artistas independientes hemos derrotado a la piratería de una manera que las grandes compañías jamás se atreverían a soñar: más que dispositivos anticopia, los discos independientes son antirrobo. ¡Aprendan, giles!
27/8/04 El Deporte es Salud.
Estaba pensando que escribir acerca de las olimpíadas era como demasiado obvio, pero no decir nada al respecto es un desperdicio. Así que voy a caer en las garras de la obviedad y no desperdiciar esta ocasión, ya que de lo contrario tendría que esperar cuatro años para hacerlo. Lo que más me gusta de las olimpíadas, además de las chicas de la selección de hockey de Holanda y la paraguayita lanzadora de jabalinas, es que uno se vuelve, por un par de semanas, en un ávido espectador de deportes que, por el resto de los cuatro años olímpicos, nos despiertan la misma pasión que la vida de las babosas lloronas del sur de Mozambique. Nado sincronizado, salto triple, tiro al blanco, lanzamiento de bala, lo que se dice un sinfín de disciplinas que, de ponerle un poco de música de Vangelis de fondo, nos robarían cataratas de lágrimas de emoción cual la corrida final de Eric Lidell en “Carrozas de Fuego”.
Pero esto sólo dura una quincena, y yo me imagino a los atletas argentinos de regreso, viviendo desahuciados un indiferente día a día en la patria futbolera en la que devino nuestro país, yendo a entrenar con sus bolsitos cargados con más ilusiones y desazón que satisfacciones, pero nunca dándose por vencidos. Y los acompaño, en un mundo en donde las canciones cada vez importan menos, donde un par de gomas sintéticas y un afinador automático para la voz le están ganando la batalla a las guitarras y a la sensibilidad, me cuelgo la Telecaster y voy a ensayar cada semana. Y hoy abro la tapa de mi tocadiscos y pongo el vinilo de “Carrozas de Fuego” mientras levanto mi cartoncito de cindor brindando por ellos.
6/8/04 Valientes eran los de antes
El pasado sábado estuve en un evento-fiesta-fashion que se realizó en tres estaciones de la línea D de Subterráneos de Buenos Aires. Debo decir que ir de copas y a danzar a un sitio como este me resultó sorprendentemente agradable y de un tinte cuasi futurista. Aunque, obviamente, este tipo de eventos sólo puede albergar a la típica fauna eventista, valga la redundancia: DJs con percusiones aberrantes, alguna que otra modelito, dos o tres actores jóvenes en ascenso, cuatro o cinco proto-artistas hijos de alguien y, por supuesto, una horda de promotrolas en cada acceso y salida tratando de hacerte probar todo tipo de cigarrillo, bebida, champú o seguro de vida habido y por haber.
Pero estos eventos no son nada si no cuentan con unos seres muy especiales: los famosos que son famosos por ser famosos. Estos bípedos no son otros sino ex participantes de reality shows varios que se congregan para mitigar el síndrome de abstinencia de cámaras que sufren al vivir una vida normal. No saben hacer nada pero quieren estar en los medios, quieren salir en las revistas, básicamente ansían alcanzar la celebridad sólo por la celebridad misma. Salvo que posean un par de tetas imponentes o de dinero suficiente para implantárselas y así conseguir un laburrito con Gerardo, esta pobre gente famosa con falta de mérito sólo puede aspirar a llegar a ser, con muchísima suerte, noteros de algún oscuro programejo de cable durante el tiempo que su efímera fama les permita sacar la cabeza del agua para luego morir en el más triste de los olvidos anónimos.
Me imagino dentro de 30 años a uno de estos pibes yendo a comprar un Cynar y diciéndole al almacenero: “Yo de joven salí en la tele. Sí, fui el tercer nominado de Gran Hermano 3 y cuando salí de “la casa” pude conocer a Badía y a Solita. Ella es mucho más linda personalmente que por la tele, ¿sabe?”. A lo que el almacenero responderá: “Qué bien...son 72 dinares”. Fuerza mis valientes.
26/7/04– Pirotecnia
Waldo
era fanático de los petardos. Desde que lo conozco, digamos
desde la escuela primaria, espera ansioso la llegada de las navidades
para poder despacharse con su metralla de bengalas, cañitas
voladoras y demás explosivos.
Con el tiempo se convirtió en un experto en la materia, perfeccionando
su estilo año tras año. Las combinaciones de colores,
explosiones y música eran cada vez más audaces e irreverentes,
y los pocos afortunados que podíamos presenciar sus performances
quedábamos azorados ante tal despliegue de pirotecnia.
Para este año, Waldo nos había prometido algo especial,
algo que jamás olvidaríamos. Cenamos en su ausencia,
expectantes entre las delicias que nos había preparado Carol,
su hermana. Nadie tenía idea con que se iba a despachar, es
más, a diferencia de los años anteriores, no había
ninguna estructura especial preparada para la ocasión que nos
diera indicio alguno de lo que vendría.
Quince minutos antes de la medianoche, la música empezó
a sonar. Luego la voz de Waldo anunciaba: “ Amigos, lo que están
a punto de presenciar es mi último show de luces. Espero les
agrade y me recuerden por siempre tal y como me verán hoy y
ahora. Gracias.”
La música calló por un instante y un redoble feroz precedió
a una explosión de humo brutal. De entre el humo apareció
Waldo o lo que suponíamos era Waldo. Estaba totalmente desnudo,
pero sostenía un centenar de bengalas de colores. Brillaban
en sus manos, entre los dedos de sus pies, salían de su boca,
de sus fosas nasales y de sus orejas. Después empezó
a danzar frenético, desparramando chispas a troche y moche,
delirando de alegría y felicidad. Corrió hacia el centro
del jardín y agachando su cabeza por entre sus piernas encendió
con las bengalas que chisporroteaban desde su boca una mecha que le
salía del orificio anal. Inmediatamente después, se
deshizo de todas las bengalas que sostenía, levantó
su brazo izquierdo y se agachó esperando la explosión
última.
El lanzamiento fue perfecto, vimos como se elevaba lentamente hacia
las estrellas, con una estela dorada y roja, con la mirada perdida
y los brazos en alto. Finalmente nos sacudió una nueva explosión
que desparramó colores increíbles por todo el cielo,
y una vez que éstos se dispersaron pudimos leer en letras cursivas
azules y verdes la siguiente leyenda: “Feliz Navidad, Waldo”.
8/7/04 Campeón es el que lucha.
¿Se
dieron cuenta que todos lo cuadernos y repuestos de carpeta que usamos
en nuestra infancia y que todavía usan las blancas palomitas
no son más que una incitación a la frustración
y al exitismo? Basta con recordar las marcas para verlo: Campeón,
Éxito y Gloria; Rivadavia y Laprida (rubro próceres)
o el inaudito Arte, el colmo de la pomposidad. Nunca un “Cuatro
menos, porfa”, un “Segundo Sombra”, algún
cuaderno para los del fondo que permita escribir y borrar y escribir
y borrar etc...
Esto no parece ser casual, y si encima le agregamos la presión
que ejerce el mundo adulto con sus valores trastocados en su carrera
por una heladera más grande y un auto más grande (pero
nunca un corazón más grande), las cosas no van a mejorar.
Vivimos en un mundo de campeones, pero por cada campeón hay
un segundo y un tercero y un penúltimo y uno que ni siquiera
se enteró que esto era una competencia. Y los campeones se
mudan todos juntos a vivir en un barrio cerrado y juegan al badmington
y comparan sus trofeos hasta que un día alguno se muere de
aburrimiento y revienta a tiros a su vecino porque cree que le afanó el regador importado de Cortina Dampezzo.
Como dice Laurie Anderson: “Este es un mundo binario, todos
quieren ser el número uno, el mejor, lo más de lo más.
Pero nadie quiere ser el cero. Ser un cero es ser una nada, un nadie.
Lo malo es que estos dos números están muy cerca el
uno del otro y no dejan suficiente espacio para todos los demás”.
Es decir, para nosotros.
28/06/04 En mi walkman
El
año pasado después de un show de GP en el auditorio
de FM La Tribu, al salir a la puerta descubrí que unos malandras
destrozaron la ventanilla izquierda de mi auto para robar con una
prolijidad admirable mi reproductor de CDs, o en realidad, la parte
de atrás del mismo. ¿Alarma? Bien, gracias. Cuestión
que con el viento en la cara (pleno Agosto, a la madrugada, una delicia)
y el toor lleno de pedacitos de vidrio volví a casa solo y
disgustado (¿partuza post show con grupies? Bien, gracias).
Mercado Libre mediante adquirí la pieza faltante de mi estéreo
para que un mes después, al terminar otro show de GP en El
Especial, encuentre nuevamente una ventanilla hecha trizas y el estéreo
brillando por su ausencia. ¿Alarma? Bien, gracias*. Llegó
la hora de volver con el frente del estéreo marchito y el fresco
de la madrugada invernal en la cara.
Cuestión que de allí en más decidí, obviamente,
no reponer el accesorio vehicular y utilizar en su lugar un discman
(o walkman según el caso) ahora no sólo para caminar
por la calle o al disfrutar del transporte público sino también
al manejar. Debo admitir que a veces el tránsito distrae, pero
por ahora me las arreglo.
Así que ahora uso auriculares hasta para bañarme. Mucho
pasa por esos cablecitos, últimamente “I” de los
Magnetic Fields es número puesto. Pero hay un álbum
en particular que no ha parado de girar en mi Walkman ( me lo prestaron
en cassettes, así que encima es como un regreso involuntario
a los 80s), y es “The Nightclub Years 1864-1968” de Woody
Allen, un doble que compila sus apariciones como stand up comedian
en su juventud. Señores, consíganlo, bájenlo,
cómprenlo, cópienlo...porque es verdaderamente notable.
Reza el buen Woody en uno de sus monólogos: “Mi primera
mujer y yo tuvimos un problema religioso al casarnos. Ella era agnóstica
y yo ateo y no podíamos ponernos de acuerdo respecto de bajo
qué religión no íbamos a criar a nuestros hijos.
Con mi segunda mujer fue más fácil, nos casó
un rabino reformado...muy reformado....Un nazi!” Y así sigue.
Así que si alguno me ve por la calle, en un subte, o en el
auto riéndome solo, no es que esté tan loco sino que
probablemente tenga al buen Woody en mis auriculares.
*Nota del Traductor: la alarma que viene de fábrica en ese
modelo de automóvil sólo suena cuando alguien fuerza
su ingreso al cubículo o abre el baúl, además
de cortar la corriente del vehículo.**
**Nota del Dueño: ¡Gracias por avisar, la p*** que los
parió!
20/6/04 ¿Quién quiere que vuelvan los 80s?
OK.
Ayer fui a Obras a acompañar a mi amigo Gabi a ver el show
denominado "Nuevo Pop en Obras", valga la redundancia. Llegamos
un poco tarde y sólo pudimos disfrutar de los últimos
tres grupos: Los Látigos, Adicta y Miranda. Todo bien, no me
interesa entrar en discusiones acerca de la calidad de estas bandas
porque todas hacen muy bien lo que hacen.
Lo que sí me dejó un poco perplejo fue el concepto de
Nuevo Pop. A juzgar por lo que vi, parecería que el Nuevo Pop
le debe muchísimo al viejo Tecnopop de los años 80.
Digo, todo bien con el tecnopop, pero creo que el pop debe ser concebido
con un poco más de amplitud estilística. Pop es es apócope
de popular. Cole Porter era el pop de su época. También
eran pop Buddy Holly, Elvis Presley, Phil Spector, los Beatles, los
Kinks y siguen las firmas. Reducir al Nuevo Pop a un estilo tan delimitado
sería una verdadera pena.
De todas maneras, no era de eso de lo que quería escribir.
A mí lo que me sorprende un poco es el regreso de los 80s como
molde estético tanto de lo musical como de lo que rodea a lo
musical. Y lamentablemente, cuando se habla de los 80s no se habla
de los Replacements, de REM, de los Talking Heads, Pixies, The Smiths,
Echo and the Bunnymen o el mejor Prince. Parecería que con
cortarse el pelo como Rick Ocasek y ataviarse como el elenco de Pretty
in Pink es suficiente. Forma, pura forma.
Déjenme contarles un poco cómo eran los 80s:
Economía cerrada, o sea, nada importado. Y lo nacional dejaba
bastante que desear. Los vinilos se editaban, con suerte, dos meses
después de salidos en el primer mundo, y no existía
internet para bajarse los discos, apenas si alguno podía acceder
a una TI99 o una Commodore 64. ¿CDs? Bien, gracias.
Pantalones nevados, campera con corderito, hombreras, jopos con gel,
mucho flúo, vinchas trenzadas, camisas Sun Surf, dos chombas
con cuellito levantado, patotas que afanaban zapatillas en los recitales
(The Cure, 1987), disco de Stephanie de Mónaco, Hair Metal,
Rambo, Locademia de Policía, ¡Cassetes!
Guerra Fría: los buenos, USA, comandados por el vaquero espacial
Reagan, peleaban con los malos, la URSS, que eran comunistas y amenazaban
co destruir el planeta. Ganaron "los buenos", así estamos.
Mientras tanto en la Argentina, César Banana Pueyrredón
era una estrella, Soldán conducía Felíz Domingo,
Badía seguía llevando a Víctor Heredia a su programa
de TV (y aún lo hace!), Sapag era gracioso, Noemí Alan
era linda, Patricia Sosa cantaba en una banda de Heavy Metal (ahora
enseña a cantar melódico a los zopencos de Operación
Triunfo). Australes, saqueos, inflación...1989: Menem. ¿Sigo?
Está bien, los ochentas también fueron "divertidos",
volvió la democracia, explotó el "under",
todos éramos "posmodernos". Aún así,
¿será porque yo en los 80s era un adolescente deprimido
que me niego a que vuelva lo más nefasto de esa epoca? No lo
sé, mejor me voy a jugar al Tenis. Aguante Batata Clerc.
12/6/04
El trabajo dignifica.
Es cierto, el trabajo dignifica. Y hay que comer. Pero la unión
de la necesidad con el desempleo conforma una fuerza letal que barre
con toda dignidad.
El domingo pasado, a media mañana, iba medio dormido, medio torrado
por la Av. Cabildo cuando en un semáforo se me cruzaron tres
empanadas gigantes comandadas por un bigotudo vestido de rojo que empezaron
a bailar como un hula hula hawaiano medio extraño (las empanadas
carecen de cintura) mientras yo trataba de determinar si mis ojos estaban
abiertos o si simplemente mi subconsciente me estaba jugando una mala
pasada. Pero era cierto. Las tres empanadas siguieron con sus torsiones
sincopadas hasta que el amarillo del semáforo le dio la señal
al bigotudo para hacer sonar el silbato y detener el espectáculo.
Sin saludar (lógico, al no tener cintura se les complica hacer
una reverencia) volvieron a la vereda a esperar a la próxima
luz roja.
Yo me imagino a la pobre chica que llega a su casa, con la autoestima
por el piso pero de alguna manera feliz por haber conseguido trabajo,
diciéndole a su padres en la cena que va a hacer de empanada
danzante por la calle. ¿Es peor o mejor que hacer de Teletubby
o de Pantera Rosa en el tren de la alegría? ¿Qué
es lo máximo a lo que se puede aspirar en este rubro, hacer de
Mickey Mouse en Disneylandia?
Más allá de lo tragicómico de la situación,
estoy convencido que el trabajo dignifica, pero estos empleos, que por
cierto, no son ni de cerca los más denigrantes ni muchísimo
menos, lejos están de dignificar. Y en su denigrar, abaten, destruyen
la moral y pueden llegar a crear una generación de desahuciados,
de desesperanzados o de futuros bigotudos de rojo resentidos que maltraten
a otras empanadas danzantes en el futuro. Y nada bueno puede salir de
todo esto.